viernes, 13 de enero de 2012

La triste historia del rey Nabucodonosor



La triste historia del rey Nabucodonosor, podría haber sido evitada si él hubiese dado oídos a los consejos de Daniel.

Cuenta la biblia que él en una noche tuvo un sueño muy perturbador, el cual nadie si no Daniel pudo mostrar el significado del mismo, en este sueño Dios mostraba al rey que su fin sería triste, pero Daniel compadecido de aquella situación aconsejo al rey que se arrepintiese y comenzará a practicar otras obras delante de Dios.

 “Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.”
(Daniel 4:27)

Tal vez durante el primer,  el segundo o el tercer mes aquel sueño y aquella revelación perturbara al rey, pero se pasó un año y nada había acontecido, fue ahí  donde por un descuido vino la perdición en la vida de aquel hombre.

Comparando vemos una gran semejanza con los relatos que hemos oído en los días de hoy.

Todas estas cosas vinieron sobre el rey Nabucodonosor.
Al cabo de doce meses, paseando por el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad
Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: “A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino te ha sido quitado; de entre los hombres te arrojarán, con las bestias del campo será tu habitación y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.”
En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor: Fue echado de entre los hombres, comía hierba como los bueyes y su cuerpo se empapaba del rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila y sus uñas como las de las aves.
Al fin del tiempo, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y mi razón me fue devuelta; bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre:
“Su dominio es sempiterno; su reino, por todas las edades. 
 Considerados como nada son los habitantes todos de la tierra; 
él hace según su voluntad en el ejército del cielo 
y en los habitantes de la tierra; no hay quien detenga su mano 
y le diga: ‘¿Qué haces?’”
 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
 Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.
(Daniel 4:28-37)
 Hoy tenemos escuchado los mismos consejos, cuidemos de nuestra salvación, busquemos a Dios, vamos a servirlo con temor, vamos a servir al pueblo con misericordia y amor.